¿Existe el síndrome de Diógenes en el mundo de las apps?


síndrome de Diógenes

El síndrome de Diógenes es algo que ha afectado a la sociedad desde mucho, mucho tiempo atrás. Es aplicable a todo tipo de contextos. Los hay que acumulan objetos, otros coches, comida, residuos e incluso aplicaciones móviles. Lo peor de todo es que la gran mayoría de los usuarios de dispositivos smartphone sufrimos cierto síndrome de Diógenes aunque sea a una pequeña escala. ¿Lo vemos?

Tú y tu móvil

No hay ningún tipo de duda de que tú y tu móvil sois inseparables. Lo hacéis todo juntos y él siempre está ahí cuando lo necesitas. Lo mejor que puede hacer tu smartphone por ti es dar respuesta a tus necesidades. Y eso lo hace a través de aplicaciones. Aplicaciones que tenemos poca costumbre de desinstalar cuando ya no las utilizamos. Los pensamientos o comentarios “por si la uso de nuevo” o “bah, no ocupa casi espacio, la dejo ahí” son habituales. Estos acaban derivando en que nuestro panel de apps se encuentre plagado de iconos que, una vez pasado cierto tiempo, ni siquiera reconocemos. “¿A qué representa ese icono del bolígrafo con un cuaderno debajo? ¿Será una app para tomar notas no? Entonces la dejo, porque quizá venía preinstalada en el móvil”. Y así continuamos acumulando aplicaciones sin tener control sobre ello.

La buena noticia es que las apps se ordenan en el menú del móvil por orden de instalación, así que podemos ir acumulando y acumulando sin problemas. También las podemos ordenar a mano y dejar en primera página las que sí utilizamos. Al final todo acaba girando alrededor de unas 5 apps que utilizamos de forma diaria sin excepciones. Y todas las demás las tenemos en colección. ¿Es un problema? Puede serlo en cierto modo. Tener apps puede llevar a consumos de batería no deseados y también a problemas de almacenamiento en la memoria. Aunque, eso sí, si nos quedamos sin espacio lo que ocurrirá será que no podremos meter más apps y habremos cerrado el ciclo. No obstante, siempre encontramos la forma de seguir instalando nuevas herramientas, eso también está claro.

¿Cómo luchar contra el síndrome?

Es difícil, pero tenemos que intentar que el síndrome de Diógenes no se acabe convirtiendo en una pesadilla para nuestros dispositivos. Hay que ser muy firmes a la hora de tomar algunas decisiones. ¿Hace cuánto no hemos utilizado cada una de las aplicaciones que no cargamos desde hace milenios? ¿Ha pasado un año? ¿No crees que si en un año no has usado esa app quizá deberías borrarla? Al fin y al cabo no hace nada, no te proporciona ninguna ventaja y simplemente está ahí, en la memoria.

A veces nos da pena borrar apps porque en su momento nos resultaron útiles o porque nos proporcionaron un gran entretenimiento. Pero hay que tener convicción y no pensar en lo malo, sino en lo bueno. Si invertiste cientos de horas en un Angry Birds pero ya no juegas, porque eso es lo que suele hacer la gente, dejar de jugar, no te preocupes, puedes borrarlo. No vendrá un empleado de Rovio y te pegará un bofetón. Tú ya te entretuviste, pasaste un buen tiempo y le sacaste rentabilidad a la aplicación. Es más de lo que le puedes pedir a una app. No tienes ningún compromiso con ella, así que adelante, bórrala.

Y si algún día quieres recuperar alguna de las apps que tuviste y que borraste, lo único que tienes que hacer es dirigirte a tu historial de compras y recuperarlas. En algunos casos no se almacenan archivos o partidas guardadas, pero nada te impedirá comenzar de nuevo. Seguro que te diviertes haciéndolo y con esta convicción tienes el móvil más limpio y organizado.

Vía: ABC


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