Miedo por la epidemia del ataque ransomware a nivel global


Ordenadores, móviles, tablets… cualquier tipo de dispositivo está en riesgo de sufrir el azote de ataques informáticos como el ransomware que tanto está dando de que hablar en los últimos meses. Si no teníamos suficiente con los virus, el malware, el phishing y demás elementos, ahora también nos tenemos que hacer a la idea de la lucha contra el ransomware. Y nadie parece que vaya a estar a salvo de este problema.

Un ataque que no hace excepciones

Nos estamos acostumbrando a estos ataques constantes en los que alguien decide lanzar una piedra al mundo y en los que el mundo se defiende, aunque con daños. No hay nadie que se quede impasible ante el ransomware ni nadie que pueda evitarlo. Grandes empresas, pequeños negocios, particulares o incluso instituciones públicas como hospitales, todos podemos convertirnos en víctimas. La última vez en la que nos hemos sentido inútiles ha sido con GoldenEye, otro ataque de ransomware Petya que comenzó en Ucrania y se extendió por el mundo entero.

Empezó en Kiev y los efectos fueron devastadores desde el primer momento. ¿Os imagináis cuál es el poder de un ataque como este? Desde el primer momento atacó duramente a las instalaciones eléctricas ucranianas, pasó a poner en entredicho la seguridad y estabilidad del aeropuerto y también afectó a las oficinas gubernamentales. En un lugar tan sensible como el sitio donde todavía se lucha contra los efectos nucleares, en Chernóbil, los profesionales que mantienen contenida la radiación no pudieron usar sus máquinas y tuvieron que monitorizar los niveles de contaminación de forma global porque el ransomware estaba actuando. ¿Dónde nos deja eso?

Los afectados a medida que el ransomware se fue extendiendo por el planeta fueron incontables. Dinamarca la empresa más grande del país en cuanto a transporte tuvo que dejar de gestionar sus servicios de forma temporal. En Nueva Jersey la empresa farmacéutica Merck, una de las entidades más importantes del mundo, sufrió también los efectos. Hasta el servicio de reparto TNT Express vio cómo sus sistemas se alteraban por el ransomware. El efecto y las consecuencias que tuvo WannaCry se replicaron también en este caso y los problemas no pararon de generarse.

La amenaza ahora es global

Uno de los grandes problemas es que si bien el ransomware siempre ha estado a nuestro alrededor, como ha sido el caso de WannaCry, ahora es cuando está afectando a todo el mundo por igual sin hacer distinciones. En el pasado era frecuente que afectara a redes individuales, pero las reglas han cambiado y los cibercriminales ahora actúan de una forma mucho más global. Los archivos maliciosos se extienden con libertad entre ordenadores y móviles del mundo entero y es tan fácil que se infecte un usuario particular como un hospital o una empresa. Las redes están conectadas y eso es algo de lo que se están aprovechando los delincuentes para extender su miedo.

Lo peor es que el ransomware se está vendiendo, se está convirtiendo en moneda de cambio de grandes criminales que hacen negocio del terror informático. GoldenEye se ha confirmado como una simple variante de Petya que ha sido vendida en la red. Hay jugosos beneficios que se llevan tanto quienes gestionan las ventas de estos virus como quienes los crean. El daño se realiza de muchas formas y solo hay que estar un poco salpicados por esto como para poder considerarte un villano.

Es todavía más complejo, dado que este tipo de ransomware está demostrando que cada vez los ataques son más eficientes y complejos. GoldenEye es mucho más inteligente que WannaCry, que a su lado según definen los expertos parece que haya sido creado por novatos. En el último ataque de ransomware todo es tan inteligente y está tan encriptado que el miedo se palpa con solo echar un vistazo al código que le representa. Entre los pasos de GoldenEye en su camino a la infección se incluyen procesos de borrado para que los equipos infectados no dejen rastro de haber sido utilizados.

Se creía que WannaCry sería un toque de atención para la sociedad y quizá parte de los criminales que lo pusieron en marcha así lo pensaban. Pero la sociedad no ha reaccionado bien. No se ha preparado, se ha aletargado pensando que el peligro ya había pasado y que no había que sufrir. Ahora llegan los lamentos, porque nadie está a salvo con infecciones como GoldenEye. Y el futuro parece todavía más preocupante.

Vía: CNET


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